Acabo de leer un informe de Cáritas que no ha hecho más que corroborar lo que sabía podía suceder visto el panorama de nuestro país: cerca tres millones  de españoles viven en el umbral de la pobreza con un inminente peligro de una fractura social al disponer tan sólo de 307 euros al mes. Vergonzoso!

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El informe también señala: “La desprotección se agrava entre otras cosas por la caída de la renta media y se restringen las condiciones de acceso a la sanidad, educación, servicios sociales y dependencia”

Queda demostrado que en este mar de la incomprensión cada vez hay más pobres, al tiempo que aumenta el número de los ricos.

Todos sabemos que existe el hambre; que en nuestro planeta, hay personas que pasan hambre física.   Literalmente, que no tienen nada que comer. Pero por ser tan cotidiano, nos hemos encerrado en nosotros mismos e ignoramos esta realidad. Solo cuando los medios de comunicación invaden nuestra intimidad, mostrándonos esta cruda realidad, se nos despierta la conciencia, pensando que algo deberíamos hacer para remediar esta dramática situación.

Cuando se habla del hambre en el mundo, lo primero que se nos viene a nuestra mente, son las imágenes de niños y ancianos de los países del llamado Tercer Mundo, demandando un poco de comida.

Pero esta realidad, – la carencia de alimentos-, no están tan lejana de nosotros, de nuestros barrios.   Lo que sucede es, que esta realidad se hace invisible a nuestros ojos; que queremos, vergonzosamente, ocultarla.   En nuestra ciudad, como en todas del mundo desarrollado, existen personas que pasan hambre física; que no tienen que comer.

Las colas que se hacen visibles a las puertas de la Casa de la Caridad, convierten la zona en la calle del hambre, como refleja la adjunta foto de LAS PROVINCIAS. Largas colas de personas esperan su turno para poder llevarse a la boca un plato de comida.  En esos lugares, así como en los bancos de alimentos es donde uno se da cuenta de que la pobreza se extiende y acosa a los que antes pertenecían a la clase media, a los mayores y a los jóvenes. En esa cola del hambre ya no sólo existen inmigrantes o mendigos, pues los indicadores sociales nos dicen que  muchas familias valencianas están bajo el umbral de la pobreza y, mientras, los políticos miran para otro lado o se enfrascan en luchas internas para que no les quiten sus privilegios, vergonzoso, cuya enumeración haría interminable esta opinión.

 

 

 

 

 

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