La parca tan silenciosa a veces se llevó ayer a mi amigo y mejor fallero José Manuel Izquierdo. La triste noticia me sorprendió como creo que a todo el mundo fallero con el que no se prodigaba mucho desde hacía años. Desde que abandonó la Junta Central Fallera me vi con él en contadas ocasiones en las que, sobre todo predominó el “buen rollo”. La última vez que mantuve una charla-entrevista fue con motivo de los actos del 75 aniversario del organismo fallero, cumpliendo el encargo de entrevistas a todos los secretario generales de la JCF vivos.

En memoria de José Manuel reproduzco la que ha sido su última entrevista, en esta ocasión para el libro oficial fallero de la JCF; paradojas de la vida para un organismo que le dio muchas alegrías y algún que otro disgusto.

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Foto de Actualidad Fallera.

José Manuel Izquierdo es un fallero curtido en mil batallas. A su ya demostrada experiencia, a nivel de comisión, le llegaba la adquirida como secretario de la delegación de Incidencias de la Junta Central Fallera, liderada por el recordado Eugenio Garés, reconocido en el ambiente fallero como el “juez de paz” en todos los litigios que llegaba a sus manos. Pues bien, su escudero no fue otro que José Manuel Izquierdo, que al respecto señala: “Apliqué las enseñanzas de Garés y la dinámica de Pere Maroto, al que tenía como un faro y al que imitaba, siempre que podía, en todo lo bueno”.

José Manuel Izquierdo accede a la secretaría general por deseo del concejal Enrique Real y sucede en el cargo a José María Rey de Arteaga, que desde ese momento pasa a ser nombrado vicepresidente 1º del organismo fallero.

A vuelapluma cabe destacar que en una primera época, bajo el mandato de Real, José Manuel Izquierdo desarrolla una extensa y prolífica labor de acercamiento a las comisiones falleras. “Era fundamental ganarse la confianza de las fallas -afirma- y que éstas nos viesen como unos falleros más. Lo conseguimos y para ello nos fuimos reuniendo con todos los sectores, para pulsar sus inquietudes y de esta forma poder ayudar en sus problemas”.

Desde un primer momento su deseo no era otro que llevar la Junta Central Fallera como si fuese una comisión fallera. “Logré que los cuatro vicepresidentes y el secretario general fuese nombrados por los sectores. A nivel de organización fijé una reunión semanal para tratar todos los asuntos de tal forma que todos conocíamos todo y la decisión, si se tomaba, era siempre colegiada”, destaca Izquierdo.

Cabe destacar que durante este periodo se recuperó la tradicional “Cena del Ninot” en la Lonja; las cenas de verano en la playa y la de los Reyes Magos, con asistencia de los medios de comunicación. “Recuerdo que, por segundo año consecutivo, hicimos la cena en el casal de Trinidad-Alboraya. Fue una velada fantástica en la que actuaron como presentadoras del acontecimiento Pepa Molina y Yolanda Ferrer. Eran reuniones magníficas de los componentes de la Junta a la que asistían las esposas también”.

En el año 1991 la nota más destacada es el cambio político en el Ayuntamiento; cambio que marca un antes y un después. Rita Barberá es la nueva alcaldesa de Valencia con el apoyo de Unión Valenciana, lo que se denominó “apoyo de legislatura”. Sin embargo, hasta que actuase la nueva Corporación el mundo fallero continúa igual. “En la Junta Central Fallera se trabajaba sin cambios y como señaló el concejal Real no tenía sentido efectuar ningún cambio”.

Y digo que es un cambio profundo pues tras doce años los socialistas pierden la mayoría a manos de una coalición post electoral formada por PP y Unión Valenciana, en la que Vicente González-Lizondo se configura como primer teniente de alcalde y delegado de Cultura.

Este año la comida de fin de ejercicio se celebró en el “Tentadero La Paz”, como señala José Manuel Izquierdo. “Fue una comida entrañable y, sobre todo, de agradecimientos. Al concejal se le impuso la insignia de oro de la Junta Central Fallera con el que se premiaba su labor durante 12 años al frente de las fallas. También se impusieron las insignias de plata al que era ordenanza de la Junta, José Jaén; al delegado de Incidencias, Eugenio Garés y al delegado de Recompensas, Víctor Argüello, así como a los asesores de presidencia, Jesús Maroto y Emilio Vitoria.

El 24 de abril tuvo lugar el pleno de disolución de la Junta Central Fallera en el Consolat del Mar del edificio de La Lonja. “El nuevo primer teniente de alcalde, Vicente González-Lizondo, antes de celebrar el pleno de constitución de la nueva Junta, habló conmigo y me confirmó en el cargo. No hubo ningún problema a excepción de cierta tirantez con Santiago Cerviño, que era vicepresidente 1º. La verdad es que pasé un año muy difícil porque Santiago me tenía clasificado “de rojo” y no me quería como secretario. Finalizadas las Fallas hablé con él para aclarar puntos. Tengo que decir que todo se arregló”.

Fue un año de trabajo muy fructífero. Cabe recordar que, por primera vez, se crea la delegación de Medios de Comunicación, de la que se hace responsable Patricia Orts; otra mujer, la desaparecida Amparo Valle, se hace responsable de la delegación de Infantiles, y María Carmen Rodríguez es nombrada vicesecretaria 1ª.

La anécdota más sonada fue un lapsus que tuvo José Manuel Izquierdo. El relato es el siguiente. La nueva alcaldesa, Rita Barberá, manifestó su interés de asistir a una asamblea de presidentes. El concejal, Vicente González-Lizondo, apuntó que la ocasión era propicia para imponerle el Bunyol d’Or Honorific. Dicho y hecho, así se acordó.

Con un hemiciclo municipal a rebosar el secretario general de la Junta Central Fallera, José Manuel Izquierdo, con la solemnidad requerida, dijo: “Té la paraula la nostra alcaldesa, Na Clementina Rode… Fueron unos segundos de desconcierto que finalizaron con aplausos, sonrisas y el gesto amable de Rita Barberá, que ofreció su mano a José Manuel zanjando la violencia del momento”.

“Fue un momento en el que hubiese querido hundirme en la tribuna. Tremendo. La alcaldesa me cogió de la mano y me dijo: Soy Rita Barberá que no se te olvide. La verdad es que no se me ha olvidado nunca, como tampoco que sus asesores no me dejaron despedirme de ella, por mera educación, cuando cesé como secretario. Es una espina que llevo clavada sin saber los motivos”.

Hay nuevas elecciones en 1995, cambios en el Ayuntamiento y nombramiento de Alfonso Grau como concejal de Fiestas y presidente de la Junta Central Fallera. “Mi trato fue muy corto. Después de un mes de las elecciones en la Junta no sabemos nada del nuevo concejal. Josechu habla conmigo, como siempre con un buen rollo, y me convoca a una cena con Alfonso Grau en el bar Goya para organizar la Junta. El mismo día de la cena por la mañana leo en la prensa que se había nombrado ya a los cuatro vicepresidentes, aspecto que no encontré lógico. Acudí a la reunión con Alfonso Grau y le mostré mi contrariedad al verme sorprendido con el nombramiento de los vicepresidentes sin saber nada. Creo que no estuvo bien, me ninguneó. Me pensé de nuevo el ofrecimiento y dije no”. De esta forma finalizaba la gestión de José Manuel Izquierdo como secretario general.

 

 

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