Evocar la Malvarrosa, nos trae el recuerdo de antiguos establecimientos como San Juan de Dios y sus terrazas con niños enfermos tomando el sol o el chalet de Blasco Ibáñez, entre otros lugares que dieron una peculiar personalidad a esta Valencia marinera como también lo fue una colonia de modestas casitas en la zona de la Patacona, desaparecidas, que bauticé con el nombre de “colonia naïf” y que tuve la oportunidad de conocer durante sus festejos de agosto, allá por el 1987,  para los que mis buenos amigos José Vicente y Ana, residentes en la zona durante el verano, me embarcaron para ser mantenedor de la fiesta y la reina del grupo vecinal. Fue una velada inolvidable.

Detalle de las desaparecidas casitas en la playa de la Malvarrosa

En la zona en cuestión se asentaba una colectividad que construyó una insólitas casitas de madera para las que tan solo se requería el permiso de la Comandancia Militar de Marina; con ello se buscaba un veraneo económico, huyendo del agobiante calor de la ciudad.

Era curioso contemplar esta colonia de casitas, que más bien parecían sacada de un cuadro o un film surrealista, alineadas perfectamente y pintadas caprichosamente de vivos colores, aunque prevalecía el gusto barroco.

Pequeños jardines a la entrada de dichas casitas acogían plantas entre las que destacaban los geranios y las murcianas. Sus moradores vivían felices y configuraban una muy particular comunidad que llegado el mes de agosto programaban todo tipo de festejos, verbenas y se alternaban campeonatos diversos.

Como quiera que no existe la perfección, aquí también se rompía el idílico ambiente con una acequia que desembocaba en la playa, muy cerca de la casitas, amontonando maderas con algas, frutas podridas y todo tipo de desperdicios que, en fuertes días de calor impregnaban el aire con un  hedor insoportable; a ello también se debía unir la presencia en la propia arena del hormigón, tan de moda en esa época en nuestra ciudad, que afeaba el entorno y disminuía el espacio frecuentado por los bañistas. Era el precio que había que pagar por la modernidad que ya, entonces, se acercaba a la Patacona. El posterior resultado todos los sabemos.

La zona con el paso de los años sufrió la presión urbanística. Donde antaño habían casas de madera hoy se levantan torres de viviendas, carísimos unifamiliares y restaurantes, entre ellos, el prestigioso La Ferraura. Para el recuerdo de muchos valencianos está el restaurante La Patacona, con su carta sencilla de comidas, pero de gran altura gastronómica. También ha desaparecido.

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