Desde tiempos de los “moros”, y aun los romanos, y la Conquista y la fiesta de Sant Donís, es esta una de las más antiguas costumbres valencianas. Dice uno de nuestros antiguos refranes que “dels porrats de gener, Sant Antoni es el primer”, lo que significa que en la festividad de San Antonio Abad,  se celebra el primero de los porrats valencianos, que son varios y se suceden a lo largo del año, el de San Vicente Mártir, el de San Valero, el de San Blas y, en diciembre, el de Santa Lucía.

2013-02-03 16.22.20 Remontarse a la historia del “porrat” es, como casi siempre en Valencia, viajar al subconsciente colectivo del valenciano que lo atribuye a los “moros”. El cronista Juan-Luis Corbín lo corrobora y anota que algunos historiadores atribuyen el origen del “porrat” a “cosas de los moros”, a propósito de que parece ser que el garbanzo tostado – torrat o porrat – formaba parte del menú de las celebraciones de los musulmanes valencianos, y especialmente en las bodas, a modo de tributo a las novias, conocida la preferencia de los “moros” por los frutos secos. Por su parte, el escritor del mil ochocientos Pascual Pérez y Rodríguez remonta la costumbre de vender “porrat” nada menos que a la época de los romanos, y dice que Horacio, en su Epístola a los Pisones , menciona la costumbre de aquellos de comprar garbanzos tostados como distracción y golosina…
El “porrat” entra en la tradición propiamente valenciana, tras la Conquista, con motivo de las fiestas del día de Sant Donís, en que la ciudad celebraba y celebra la triunfal entrada de Jaime I el Conquistador en Valencia.
El cronista Luis Cebrián Mezquita atribuye el “porrat” a los primeros tiempos de esta celebración y reseña que en la festiva fecha había costumbre de obsequiarse con “xufes, tramusos, fabes bullides, armelles y ciurons torrats”, tradición que varió, en cuando a los productos objeto de obsequio, en el día de Sant Donís, pero que arraigó y se extendió, tal cual, a otras festividades, especialmente a las numerosas y populares “festes de carrer” que celebraban los bulliciosos barrios de Valencia.

Vicente Vidal Corella en una de sus crónicas históricas publicada en LAS PROVINCIAS nos recuerda que “en aquella Valencia antigua, en las que los menestrales tenían sus pequeños talleres; en aquella pequeña ciudad, los vellutets –tejedores de terciopelo– habían extendido a los demás gremios, haciendo populares, sus anaes de xala , las romerías a los ermitorios o santuarios del entorno de la ciudad y eran uno de los mayores alicientes los porrats que se instaban para la ocasión.

Los antiguos diccionarios valencianos explican los porrats como “especie de pequeña feria de cosas comestibles, como garbanzos tostados, avellanas, almendras, orejones, ciruelas secas, turrón, etcétera, que se hace con motivo de la fiesta de algún santo y su octava”. Agrega el historiador José Martínez Aloy que “estas pequeñas ferias de frutos tostados se celebran a las puertas de ciertos santuarios fuera de la ciudad, dando lugar a devotas y alegres romerías”.

“Dels porrats de gener, es el primer”… y tiene el aliciente popular y tradicional del desfile de animales que son llevados para ser bendecidos a las puertas de la iglesia de “Sant Antoni del porquet”, en la calle Sagunto. Dice Marcos Antonio Orellana que desde muy antiguo “y sin saber que se sepa el principio, estilaron los que tenían caballerías, particularmente los labradores, como por devoción, y en obsequio a dicho santo acudir el día 17 de enero al Santuario, y dando vuelta con sus animales al contorno de un olivo muy antiguo que existía en el claustro, junto al pozo, y después de rodear en circuito o dar una vuelta alrededor del olivo, cogían un ramo del mismo, y poniéndole a la caballería como adorno, se volvían muy contentos y con la confianza de que el Santo libraría a los animales de todo mal”. Esta devota costumbre, según Orellana, permaneció hasta el año 1737 en que el citado olivo fue arrancado al hacerse obras en el Santuario.

Las gentes visitaban la iglesia de San Antonio Abad también para “beure l’aigua de la campaneta”, que según tradición popular tenía facultad para hacer hablar bien a los niños. Después venía el desfile de caballerías enjaezadas, y el clásico porrat con las paraes ofreciendo su mercancía para “fer el mocador”, que significa en Valencia el regalo a la enamorada.
La fiesta con el paso de los años ha cambiado en cuanto  a su desarrollo pero no en su espíritu, que se mantiene si cabe con mayor pujanza año tras año. Después del “porrat” de San Antonio, le seguía el de San Vicente Mártir, con la tradicional visita a la Roqueta y más tarde, dentro del mes de enero, en la iglesia de San Valero, en pleno corazón de Ruzafa se celebra a San Blas, fiesta popular que aún se mantiene con misa mayor en la que se da a besar la reliquia del Santo y procesión vespertina del Santo por las calles de Ruzafa, en la que participan centenares de devotos de todos los puntos de la ciudad y, sobre todo, niños.

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