En el año 1993 con motivo de la celebración del Año Santo Jacobeo, la Junta Central Fallera presidida por Santiago Cerviño, viajó a Santiago de Compostela y lo hizo un 4 de julio partiendo del puerto de Valencia en el buque J.J Sister. ¿Por qué en barco? Sencillo, se quiso hacer un pequeño crucero visitando Tánger y Lisboa antes de llegar al puerto de Villagarcía de Arosa, localidad cercana a Santiago de Compostela a la que se llegó por medio de una flota de autobuses.

Recepción en el Palacio de la XuntaLa embajada fallera estaba encabezada por las falleras mayores de Valencia, Remedios Rodrigo y María Asenso, así como sus respectivas cortes de honor, vicepresidentes y acompañantes de las cortes, junto a un grupo de amigos, entre ellos Rafael Ferraro, presidente de la falla Reino de Valencia-Duque de Calabria; el abogado Manuel Campillos y la ex concejal Pepita Ahumada. En representación de LAS PROVINCIAS tuve el honor de viajar con la Junta Central Fallera y participar en la gran fiesta fallera en tierras compostelanas.
El viaje está lleno de gratos recuerdos y no menos insólitas anécdotas, entre ellas la que tuvo lugar en Tánger con un grupo de vendedores de un zoco empeñados en comprar, al precio que fuese, a algunas componentes de la corte de honor.
Las escasas veladas nocturnas en el barco también tuvieron su encanto y camaradería. En una de ellas y tras el típico espectáculo de entretenimiento tuvo lugar la proclamación de Miss y Mister Crucero, distinciones que recayeron en Míreya Raga Simón, componente de la corte de honor y en José Luis Gómez, vicepresidente del organismo fallero. Cabe destacar que dicha elección fue muy particular y, sobre todo, divertidísima.
En la bella Lisboa la visita fue muy rápida y eminentemente turística. Los más golosos buscaron las pastelerías por la fama que tienen sus elaborados. Un grupo de viajeros buscamos y encontramos, previa indicación, la cafetería Nicola, desde el siglo XVIII, pero su decoración art decó es de 1929. Pues bien,  allí encontramos el llamado pastel de Belén, que no es más que un pastel con crema de vanilla que habitualmente se toma con el café expreso. La receta de esta llepolía, según me contaron es de los monjes Jerónimos.
En Villagarcía de Arosa y una vez las falleras se ataviaron de valencianas se inició una apretada agenda. El primer acto fue asistir al guiso de una gigantesca paella que cocinaba el restaurador valenciano Enrique Grau, a la que asistió el presidente de la Junta Central Fallera, Santiago Cerviño, llegado esa misma mañana a Santiago para unirse a la embajada fallera que contó también con la asistencia de la concejal Mayrén Beneyto, entonces delegada de Asuntos Sociales.
La segunda visita fue a la Catedral donde se cumplió el rito Jacobeo, con abrazo al Apóstol, se asistió a una misa mayor y se contempló el funcionamiento del Botafumeiro en su vuelo vertiginoso por el templo. La vertiente oficial tuvo lugar en el Palacio de la Xunta donde su presidente, Manuel Fraga, recibió a la embajada fallera y tuvo elogiosas palabras hacia las Fallas y el pueblo valenciano. El alcalde de Santiago no quiso ser menos y ofreció una recepción a la Junta Central Fallera. Desde el balcón de la casa consistorial, frente a la plaza del Obradoiro, pudimos contemplar un concierto ofrecido por la Banda de Música de Vergel. Cabe destacar que el desfile de nuestras cortes de honor por las calles de Santiago despertaron sorpresa y al mismo tiempo admiración, elogios y hasta aplausos de los santiagueses.
Por la noche y tras una cena oficial en uno de los hoteles de la ciudad con asistencia de diversas autoridades gallegas nos trasladamos a un parque cercano para admirar el castillo de fuegos de artificio que disparó la empresa de Vicente Caballer. El regreso a Valencia se efectuó en avión desde el aeropuerto de Santiago. Un viaje inenarrable.

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