Un año más, el pueblo valenciano el próximo domingo volverá a renovar su intensa  devoción a la que es Madre de los Desamparados e Inocentes, de los Afligidos, de los Ajusticiados y de los muertos sin nombre, en todos y cada uno de los actos que en su honor se celebran en el ya tradicional segundo domingo de mayo.

La festividad de la Virgen del año 1996 me llega cargada de intensos recuerdos y emociones, entre ellos la celebración de la Missa d’Infants y posterior actos del traslado de la imagen Peregrina de la Mare de Déu, sin demérito del resto de las jornada mariana.

La eucaristía la presidió monseñor Lajos Kada, Nuncio de Su Santidad en España, junto al arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco.

Después de finalizada la misa y en cumplimiento de la tradición, el rector de la Basílica llamó al altar a la niña Lucía Andrés Zarapico, mi hija, que en su calidad de fallera mayor infantil de Valencia, dio lectura a la oración de consagración de los niños valencianos a su Patrona, creada por el arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, lectura que fue premiada con calurosos aplausos de los fieles congregados.

A continuación y junto con su corte de honor tuvo lugar una ofrenda de flores a la Virgen. La parte más entrañable y motivo de mi orgullo personal tuvo lugar durante el desayuno en la Casa Vestuario, con asistencia del entonces presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana; la alcaldesa, Rita Barberá; el presidente de la Diputación, Manuel Tarancón; Juan Cotino, director general de la Policía y el actor Antonio Ferrandis, mantenedor de Lucía Andrés.

Toda una parte protocolaria que se rompìó cuando el Nuncio, Lajos Kada solicitó conversar con la fallera mayor infantil de Valencia, para interesarse por su indumentaria, sus estudios y su visión de la festividad mariana.

Fue una conversación que colmó la curiosidad del Nuncio que no dudó en calificar de extraordinaria como así se lo transmitió a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá.

Sin embargo, aún quedaba un sorpresa que se dio durante el Traslado de la Mare de Déu a su paso por la Casa Vestuario. Desde el balcón principal y arropada por las autoridades, Lucía recitó un bello poema  a la Virgen, en lengua valenciana, escrito por el poeta Pere Delmonte a través de la megafonía de la plaza.

Ni que decir tiene la sorpresa que causó entre los fieles y seguidores de la Virgen que aplaudieron el recitado dirigiendo sus miradas hacia el balcón principal de la Casa Vestuario.

Nuevamente el Nuncio de Su Santidad, Lajos Kada, solicitó a Lucía que volviese a recitarla más despacio para entenderla mucho mejor. Un poema, una simple poesía con la que Lucía pasó a los anales de la festividad mariana como la primera fallera mayor infantil de Valencia que le recitó un poema a la Virgen a su paso por la Casa Vestuario.

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