Recordar la figura de mi amigo Manolo Martín, el artista que supo ir más allá de las fallas y quiso modernizar Valencia, es siempre un ejercicio gratificante, sobre todo porque hablamos de un genio, de un artista  poliédrico que como pocos supo dialogar con todas las disciplinas de la cultura.

Repasando antiguos archivos, ahora que tengo tiempo por disfrutar de una “tercera juventud” me han aparecido numerosas fotografías, algunas inéditas, de muchos de sus trabajos y, sobre todo, de las charlas que mantuve en su taller y luego fueron el “leiv motiv” de muchas de las entrevistas que publiqué en LAS PROVINCIAS.

Visitar el feudo artesano de Manolo Martín, en la Ciudad del Artista Fallero, y contemplar su trabajo era como observar a un brujo medieval, capaz de construir los diseños más insospechados.

Sus ambiciosos proyectos le llevaron a participar en la construcción de los más  importantes parques temáticos españoles y extranjeros, bajo el anagrama  de Caballo de Troya, su más querida creación empresarial.

Su profesionalidad y seriedad le llevaron a a colaborar con otros artistas; era el artista que sabía dar volumen a los bocetos, entre otros, de Francesc Torres, Chema Cobos, Sigfrido Martín Buegué, Antoni Miralda, Miquel Navarro y Manolo Valdés.

Así a bote pronto hay que recordar su última y póstumo obra Dama Ibérica, en colaboración con Manolo Valdés, así como el Guillliver, en el antiguo cauce del río Turia, de Rafael Rivera y la falla Olímpica acuática de Miralda.

Ni que decir tiene que Manolo Martín fue un apasionado de las fallas. Sin embargo los últimos años de su vida, calificados por él mismo como los mejores de su vida creativa los dedicó a retomar la historia del Equipo Crónica, sin matiz político.

Uno de sus últimos trabajos que realizó y tuve la suerte de contemplar fue dar volumen a una serie de dibujos infantiles del ilustrador ruso Levedad, con los que realizó una exposición en la que el público contempló los acabados de pintura en diversos estilos al conjugar las pinceladas de Picasso, Miró y Matisse.

Las creaciones falleras de Manolo Martín las dejaré para otra ocasión. Todas tienen su historia que parte del gran público no conoce. Como avance la fotografía que adjunto es del año 2001, la de la gigantesca figura de Pinocho; falla diseñada por Sigfrido Martín Bugué que hizo realidad Manolo Martín. Ese año la conocida Alaska fue nombrada fallera de honor…..¡pero contaremos más!.

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