En el año 1990 el diario LAS PROVINCIAS  publicó una serie se separatas especiales dedicadas a la fiesta de las fallas bajo el título de Historia Viva de las Fallas, coordinadas por el entonces redactor-jefe, Paco Pérez Puche, en las que tuve la oportunidad de participar investigando y redactando la mayoría de las noticias publicadas.

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Días pasados, en el pleno de la Junta Central Fallera, el concejal y presidente del organismo fallero recordó que este ejercicio de conmemoran las Bodas de Diamante de la Junta Central Fallera o lo que es lo mismo su 75 aniversario.

¿Cómo, por qué y cuándo nace el máximo organismo fallero? Pues bien repasando mi archivo encuentro lo que escribí en 1990 acerca del nacimiento de la Junta que por su interés, por lo menos para el fallero, transcribo textualmente lo publicado, aunque aún guardo mayor información, que considero única, que en vida me comunicó el que fuera primer secretario, Emilio Camps Gallego, mi recordado amigo.

 

“Terminada la guerra española, las fallas inician una nueva etapa, en la que el control político, a través del Ayuntamiento, se hace evidente. Una de las primeras medidas del nuevo Régimen, en lo tocante a festejos, fue la prohibición de los carnavales. Pero las fallas tuvieron más suerte.

En los primeros meses de 1940 la prensa comenzó a hablar de los festejos y pronto dejó claro que se realizarían y que se podría usar la lengua valenciana para “els llibrets”. Había nacido la Junta Central Fallera por iniciativa municipal y tras una convocatoria de la comisión de la falla Cuenca-Roberto Castrovido, que cede sus locales de baile para las reuniones, sufragando los primeros gastos.

Se celebró una primera reunión el día 2 de noviembre de 1939, con poca asistencia de público, motivo por la que es suspendida y traslada al 6 del mismo mes, en la que ya acuden cerca de 22 delegados de las diversas comisiones falleras de Valencia.

Tras una serie de cambios de impresiones, se toman acuerdos iniciales. Y bajo la presidencia interina del presidente de la falla de la plaza de San Jaime, Mariano Alabarda, actuando como secretario el mismo de dicha falla, se eligen los primeros cargos. De modo que quedó constituida la nueva Junta Central Fallera de esta forma:

Presidente: Armmando Agramunt Báguena; Vicepresidente: Julián Tio González; Secretario: Emilio Campos Gallego; Vicesecretario: José Benedito Ramón; Tesorero: Salvador Genovés Moreno; Contador: Társilo Lidón Agustín, y como Vocales: Ricardo Medina Medina, José Candela Sanz, Salvador Alcodori Montolio, Manuel Lozano Sauquillo, José Duarte Sapiña y Salvador Cerveró Ferrer.

También este año apareció el primer Libro Oficial Fallero, a instancia de la Junta Central Fallera. Dicho y hecho salió a la calle una cuidada esdición, en cuya portada se reprodujo el cartel realizado por Fulgencio García, que había obtenido el segundo premio en el concurso de carteles. El director de la publicación fue Federico Gutiérrez Rave. En su contenido destacaba un amplio comentario sobre la reanudación de la fiesta, tras tres año de inactividad.

Las denominadas “Fallas de la Victoria”, como así se llamaron aquel año, dedicaron en dicho libro una página de honor al Jefe del Estado y a su hija, Carmen Franco Polo, nombrada fallera mayor de Valencia, aunque fue representada por la señorita María Luisa Aranda Sala, hija del general Aranda, a la sazón general jefe de la Tercera Región Militar”.

Mucho más que vamos a dejar para una próxima entrega.

 

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