Hoy saco del baúl de la historia una foto histórica tomada en el salón de la Chimenea del Ayuntamiento en la que contemplamos a la fallera mayor e infantil de Valencia 1985, Esther Silleras Descalzo y María José Calvete Ferrer, rodeadas de la corte de honor mayor junto a los entonces alcalde, Ricard Pérez Casado, concejal de Fiestas, Enrique Real y en el centro el Gobernador Civil. Eugenio Burriel. La foto también nos pone en condiciones de hacer un análisis a la indumentaria valenciana que antaño lucían nuestras falleras.

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De ese año recuerdo mi pertenencia a la Junta Central Fallera, en calidad de delegado de Sector y mi destino en Cultura bajo las órdenes de un delegado extraordinario y mejor persona como fue en vida Salvador Cortina, un enamorado del teatro.

Y ya que hablo de algunos recuerdos cabe destacar que la Junta Central Fallera ese año apuesta por un cambio en los actos de exaltación de las falleras mayores de Valencia; cambio que no gusta y recibe todo tipo de críticas. Por primera vez la exaltación de la fallera mayor de Valencia, Esther Silleras, no fue bien aceptado al eliminar la figura del mantenedor por aquello de erradicar la llamada “coentor”.

La puesta en escena, en la que no hubo ofrenda floral a la fallera mayor de Valencia, corrió a cargo de la comisión de Na Jordana que escenificó la obra El Tapet de Josep Alarte, con música de Fernando Romero y coreografía de Gemma Gisbert. El cambio no llenó al fallero y la llamada “cúpula” de la JCF tuvo que soportar todo tipo de críticas.

Hay ganas de promocionar las fallas y ese año el organismo fallero participa en Europalia (Amberes). Manolo Martín planta una falla; el restaurador Galbis cocina una paella para 1.000 personas; Alimara ofrece un recital de danzas autóctonas y Brunchú dispara un castillo de fuegos artificiales con una medidas de seguridad espectaculares y sorprendentes como confesó el propio pirotécnico a su regreso a Valencia.

 

 

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