La cercana población de Tavernes Blanques vive actualmente sus festejos patronales en honor de la Virgen de los Desamparados que aquí lleva el apellido “del Carraixet”; festejos que han servido para conmemorar el 25 aniversario de su proclamación canónica como patrona del municipio y el 75 aniversario de la creación de la imagen por el escultor valenciano Pío Mollar en el año 1939. Cabe recordar que la imagen primitiva que se veneraba en la ermita fue destruida en la guerra civil.

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Los actos conmemorativos organizados por la Cofradía de Nuestra Señora de los Santos Inocentes y Mártires de la localidad han tenido como marco principal la parroquia de la Santísima Trinidad y su eje central la coronación canónica de la imagen de la Virgen a cargo del arzobispo de Valencia, Carlos Osoro, en el transcurso de una solemne eucaristía.

Para entender porque los festejos religiosos no se celebran en la histórica ermita, situada en la vieja carretera de Barcelona y junto al barranco de Carraixet, tenemos que hacer buena una tradición que se mantiene y que se refleja en dos palabras: la passà i la tornà. La primera se refiere al traslado de la imagen hasta la parroquia de la Santísima Trinidad, en el núcleo urbano, y la segunda a su devolución a la ermita.

La devoción del municipio a la Virgen de los Desamparados ha estado siempre muy ligada a su historia que arranca en los terrenos de la antigua ermita.

La historia, curiosísima y desconocida por gran parte de los valencianos, arranca por una orden del Consell de la Ciutat de 1400 por la que se ordena sean enterrados en este lugar los llamados “desamparados”, según afirman los historiadores Orellana y el marqués de Cruilles en su Guía de Valencia. La cofradía de la Virgen en el año 1416 se hace cargo del cementerio en el que dan sepultura a las personas que fallecen en la calle y en centros asistenciales sin familia. En el año 1447 la cofradía levanta la ermita sobre el antiguo cementerio. El actual ermitorio data de 1940 y está levantado sobre el antiguo cementerio y ermita primitiva.

Sin embargo, la Cofradía de la Virgen sabido es que era la encargada de la piadosa tarea de asistir también a los condenados y dar sepultura a sus cuerpos en el pequeño cementerio situado frente a la ermita y junto al barranco de Carraixet, actualmente vallado y con una cancela de entrada.

Llegado a este punto hay que recordar que la actual plaza del Mercado era el lugar donde tenían lugar públicamente los ahorcamientos o garrote vil; los cadáveres quedaban expuestos como ejemplo. En este punto existen también otros historiadores que señalan el cementerio frente a la ermita como lugar de ahorcamientos.

La exposición de ajusticiados cesó en 1790, pero la pena capital siguió hasta principios del siglo XIX y se continuó enterrando a los condenados en este cementerio que pasó a ser conocido por el de “los ajusticiados” y que documentos del archivo municipal apuntan al enterramientos del guerrillero saguntino José Romeu y a Cayetano Ripoll, maestro del Ruzafa que fue la última víctima de la Inquisición.

Una apasionante historia que deja la puerta abierta a posteriores investigaciones históricas de ambos cementerios y, sobre todo, de los personajes que en su día allí fueron sepultados.

 

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