La Hermandad del Silencio y Vera Cruz, creada en el año 1928 por un entusiasta grupo de marineros y trabajadores del Puerto, fiel a la tradición celebró ayer, 14 de septiembre, la conmemoración de la exaltación de la Santa Cruz exponiendo a la devoción popular su reliquia: una pequeñísima astilla de la cruz donde se crucificó a Jesús en un artístico relicario.

No hay que confundir con la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, que tiene lugar cada 3 de mayo, con las típicas cruces de mayo en nuestras calles cuya historia y motivación escribió mi buen amigo y desaparecido poeta y escritor en lengua valenciana, Pere Delmonte Hurtado, en un pequeño cuaderno de divulgación editado por Lo Rat Penat.

La reliquia está en posesión de la hermandad desde el año 1951, según podemos leer en el documento oficial, donado por el papa Pío XII a través de un escrito oficial librado por el obispo José Plácido Nicolini OSB, canciller episcopal de la sede de Asís, en el que se detalla la autenticidad de la reliquia, su colocación en una caja de plata, protegida por un cristal, cerrada y atada con un hilo de seda roja y sellada.

Tuvimos la oportunidad de contemplarla una vez más, en esta ocasión en un pequeño relicario y no en la cruz procesional donde se sitúa para las procesiones. El local de la hermandad, una pequeña planta baja situada en la calle Pedro Maza, en el corazón del Cabanyal, abrió sus puertas a las 18 horas y cerró cerca de las 21 horas con numerosa asistencia de devotos.

Por otro lado, cabe destacar que la costumbre de venerar la Santa Cruz se remonta a las primeras épocas del cristianismo en Jerusalén; tradición que comenzó a festejarse el día en que se encontró la Cruz donde padeció Nuestro Señor.

Posteriormente, a principios del siglo VII, cuando el ejército del Islam saqueó Jerusalén se apoderó de las sagradas reliquias de la Santa Cruz. Pocos años más tarde fueron recuperadas por el emperador Heraclio, y recordando este rescate, el 14 de septiembre, se celebra la exaltación de la Cruz.

A partir de ese momento, según señalan diversos libros sagrados, para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue partida. Una parte se llevó a Roma, otra a Constantinopla; una se dejó en Jerusalén y una más se partió en pequeñas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero.

2014-09-14 18.02.53

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