Así se denominaba antiguamente lo que después de llamó Pascua Florida y ahora se conoce como Pascua de Resurrección. Hemos dejado atrás las dolientes rememoraciones de la Semana Santa. Y, finalmente, se ha conmemorado la Resurrección del Señor y el pueblo valenciano desde tiempo inmemorial lo celebra con las tradicionales meriendas en el campo y la playa, en las que el vuelo de los cachirulos son parte importante de la celebración.

2015-04-06 17.21.47Playa de la Patacona, hoy, un surfista con artilugio volador sobre el agua.

La Pascua es fundamentalmente fiesta sobre el césped o en la arena frente al mar, aunque en honor a la verdad poca gente se ha acercado a la franja de playa de la Malvarrosa y la Patacona a volar los cachirulos y festejar la pascua.

Los que vamos sumando años contemplamos, con algo de nostalgia, como las tradiciones se van diluyendo lentamente en costumbres nuevas, pero siempre queda algo. Y era gozoso ver a la chiquillería empinando el cachirulo, los de nuestros mayores que compiten con otros de fibra de plástico. Sin embargo, la veteranía de los sencillos cachirulos continúa triunfando.

Antaño las familias fabricaban los cachirulos en casa. Era todo un rito que comenzaba con la compra de las cañas, hacer la plantilla y cortar pedacitos con tela de colores para la cola que, en su momento, nivelará el vuelo del cachirulo. En este punto hay que recordar que los que vivíamos en el barrio de Ruzafa comprábamos las cañas en una planta baja, situada al lado del desaparecido cine Mundial, en la calle Maestro Aguilar. Estoy seguro que muchos lo recuerdan. Los más fáciles de fabricar, dentro de su complejidad, era el cachirulo hexagonal. Te podías complicar la vida un poco más realizando una estrella; en ambos modelos la estructura se cubría con afiches o posters de películas de cine.

Un buen hilo de los llamados de palomar sirve la hacer la guía de vuelo. Toda esta operación artesana y familiar ha desaparecido, como también ha sucedido con las antiguas tiendas de auténticos maestros artesanos en el barrio del Carmen, aunque aún queda alguna tienda que mantiene la venta de los cachirulos. Hoy en día es mucho más cómodo comprar en cualquier tienda una cometa de plástico. La verdad es que a la hora de hacerlo volar no es lo mismo, como tampoco es lo mismo la actual infancia.

El aspecto gastronómico no cambia mucho. Mediada la tarde se hacía, aún se viene haciendo, un alto en los juegos y se procede a degustar las viandas, en las que no puede faltar la clásica mona, los huevos hervidos, las longanizas de Pascua y las lechugas, sobre todo las lechugas de amarillo y carnoso bocado.

Tras la ingestión de estos manjares en los que tampoco faltan las tortillas de habas, de patata y cebolla, así como los bocadillos de blanco y negro -longaniza y morcilla- pocas ganas quedan de moverse, como mucho continuar aguantando y guiando el altivo cachirulo desde su sedal desde el antiguo cauce del río Turia, la playa de la Malvarrosa o la desaparecida huerta de la Carretera de En Corts y Carrera de San Luis, éstas últimas mis preferidas. La verdad es que eran otros tiempos que ni eran mejores ni peores, eran distintos.

 

 

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